La esperanza activa

FeLa esperanza activa

Cuando Dios responde antes de que lo necesitemos

Un recorrido por Isaías 40:12–31 para recordar que nuestra necesidad nunca toma a Dios por sorpresa.

Pasaje central: Isaías 40:12–31 10 min de lectura

Por L.S. Doello

Biblia abierta frente a un paisaje amplio que representa la esperanza y la confianza en Dios.

Hay momentos en los que el cansancio no solo alcanza el cuerpo: también invade nuestros pensamientos.

Israel conocía bien esa clase de agotamiento. Lejos de su tierra, rodeado por una cultura extraña y cargando las consecuencias de sus propias decisiones, el pueblo llegó a una conclusión profundamente melancólica:

“Mi camino está escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio”

Isaías 40:27

En otras palabras: “Dios ya no ve lo que me sucede. Mi situación dejó de importarle”.

No habían dejado necesariamente de creer que Dios existía. El problema era que habían comenzado a pensar que Dios ya no los tenía presentes.

Y cuando nuestros pensamientos se oscurecen, no siempre negamos a Dios; muchas veces simplemente lo reducimos. Seguimos creyendo que está allí, pero dudamos de que esté cerca, de que nos vea o de que continúe obrando en nuestra historia.

Sin embargo, hay algo extraordinario en este capítulo: Dios preparó estas palabras de consuelo mucho antes de que aquella generación llegara a necesitarlas.

Una palabra preparada con anticipación

Al finalizar Isaías 39, el cautiverio en Babilonia todavía era futuro. Pero al comenzar el capítulo 40, el profeta habla como si estuviera junto a los cautivos:

“Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios”.

Desde la comprensión tradicional del libro de Isaías, Dios entregó este mensaje aproximadamente un siglo y medio antes de que aquella generación exiliada necesitara escucharlo.

Antes de que surgiera su pregunta, Dios ya había preparado una respuesta.

Antes de que experimentaran el abandono, Dios ya había declarado que no los abandonaría.

Antes de que se agotaran sus fuerzas, Dios ya les había hablado acerca de nuevas fuerzas.

Esto nos permite contemplar dos verdades que la teología llama la trascendencia y la inmanencia de Dios.

Dios es trascendente: está por encima del tiempo, la historia y toda la creación. Él contempla de una sola vez aquello que nosotros vivimos paso a paso.

Pero también es inmanente: no permanece distante ni indiferente. Se acerca, sostiene, habla e interviene en la experiencia de sus hijos.

Primero la provisión, después la necesidad

Este principio aparece desde las primeras páginas de la Biblia.

Antes de crear a Adán y Eva, Dios preparó un mundo habitable. Hizo brotar árboles, produjo alimento, proporcionó agua y preparó un jardín. Cuando el ser humano abrió los ojos, aquello que necesitaba para vivir ya estaba allí.

Algo parecido sucedió con José. Mucho antes de que el hambre alcanzara a Egipto y a la familia de Jacob, Dios colocó a José en el lugar desde el cual almacenaría alimento. La crisis todavía no había comenzado, pero la provisión ya estaba siendo preparada.

También Abraham descubrió un carnero trabado en un zarzal en el monte Moriah. Abraham lo vio después de atravesar la prueba, pero Dios había dispuesto aquella provisión antes de que él pudiera verla.

Y en el mismo libro de Isaías, Dios anunció que usaría a Ciro para permitir el regreso de su pueblo. El libertador todavía no había aparecido en escena, pero ya estaba dentro del propósito de Dios.

Nuestra necesidad puede sorprendernos a nosotros, pero nunca sorprende a Dios.

Él ya lo sabía. Y muchas veces, mientras nosotros apenas comenzamos a formular la pregunta, Dios ya está preparando una respuesta.

Un recorrido por Isaías 40:12–31

El profeta no intenta levantar el ánimo del pueblo mediante frases vacías. No les dice: “Piensen positivamente; seguramente todo saldrá bien”.

En cambio, dirige nuevamente su mirada hacia Dios.

1. Dios es mayor que todo lo que nos intimida

Isaías 40:12–17

El profeta presenta una serie de preguntas:

  • ¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano?
  • ¿Quién calculó la extensión de los cielos?
  • ¿Quién pesó las montañas?
  • ¿Quién aconsejó al Espíritu del Señor?

Para los cautivos, Babilonia parecía inmensa y poderosa. Pero Isaías les recuerda que las naciones son delante de Dios “como la gota de agua que cae del cubo”.

El problema era grande cuando lo comparaban con ellos mismos. Pero se volvía pequeño cuando lo comparaban con Dios.

Veamos algunas palabras claves del pasaje: medir, pesar, aconsejar.

Nadie mide a Dios.

Nadie sostiene a Dios.

Nadie necesita explicarle nuestra situación.

Él conoce perfectamente aquello que nosotros apenas alcanzamos a comprender.

2. Dios no tiene comparación

Isaías 40:18–24

“¿A qué, pues, haréis semejante a Dios?”

Los pueblos fabricaban ídolos intentando dar forma visible a sus dioses. Pero el Dios de Israel no podía ser contenido en una imagen, un territorio o una circunstancia.

Los gobernantes parecían invencibles. Los imperios parecían eternos. Sin embargo, delante de Dios eran como plantas recién sembradas que el viento podía llevarse.

Aquello que hoy parece definitivo no necesariamente lo es.

Los imperios pasan.

Las circunstancias cambian.

Las fuerzas humanas se agotan.

Dios permanece.

Otras palabras claves del texto: comparar, sentarse, extender.

Dios se sienta sobre el círculo de la tierra y extiende los cielos como una cortina. La historia no está fuera de su gobierno, aunque por momentos parezca fuera de nuestro control.

3. Dios conoce por nombre aquello que creó

Isaías 40:25–26

Isaías invita al pueblo a levantar los ojos:

“Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas”.

El cielo no era simplemente un paisaje bonito. Era una demostración visible de la fidelidad y el poder de Dios.

Él llama a las estrellas por su nombre y ninguna falta.

Si Dios conoce y sostiene cada estrella, ¿cómo podría perder de vista a uno de sus hijos?

La pregunta del pueblo era: “¿Dios todavía se acuerda de nosotros?”.

La respuesta del profeta es: “Miren hacia arriba. El Dios que no pierde una estrella tampoco ha perdido de vista su camino”.

Más palabras claves del texto: levantar, mirar, llamar.

La melancolía nos hace bajar la mirada y encerrarnos en nuestra interpretación de los hechos. La esperanza activa levanta los ojos y vuelve a considerar quién es Dios.

4. Dios conoce el camino que creemos escondido

Isaías 40:27–28

El pueblo decía:

“Mi camino está escondido de Jehová”.

Pero el profeta responde:

“¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová?”.

Estas preguntas no buscan entregarles información nueva. Buscan despertar una verdad olvidada.

Ellos sabían quién era Dios, pero el dolor había comenzado a ocupar más espacio en sus pensamientos que lo que sabían acerca de Él.

Por eso Isaías los invita a recordar:

  • Dios es eterno.
  • Dios es el Creador.
  • Dios no se fatiga.
  • Dios no se cansa.
  • Su entendimiento es inescrutable.

Nosotros nos cansamos de esperar. Dios no se cansa de sostener.

Nosotros no comprendemos el camino. Dios nunca pierde su dirección.

5. Dios no solamente posee fuerzas: también las comunica

Isaías 40:29–31

El Dios que no se fatiga “da esfuerzo al cansado y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas”.

Esta es una de las verdades más hermosas del pasaje. Dios no reprocha al cansado por estar cansado. Se acerca para fortalecerlo.

Aun los jóvenes se fatigan. Aun quienes parecen fuertes pueden caer. La esperanza bíblica no está depositada en nuestra resistencia natural, sino en la fuerza que Dios proporciona.

“Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas”.

Esperar con el alma entrelazada en Dios

Esperar en Dios no significa cruzarse de brazos. Es continuar confiando, obedeciendo y caminando mientras todavía no vemos la respuesta. También significa permanecer atentos, dispuestos a recibir nuevas instrucciones acerca de cómo seguir.

El verbo hebreo traducido como “esperar” en Isaías 40:31 es qaváh. La palabra comunica la idea de esperar con esperanza y expectación. También puede evocar algo que se reúne o se tensa, como las hebras que se entrelazan para formar una cuerda. Una hebra aislada se rompe con facilidad; entrelazada con otras, adquiere una fuerza que antes no tenía.

La imagen resulta preciosa: mientras esperamos, entrelazamos nuestra fragilidad con la fuerza de Dios y nuestros pensamientos cansados con la verdad de sus pensamientos. No intentamos fabricar una respuesta ni adelantarnos a Él. Nos aferramos a su carácter, prestamos atención a su voz y esperamos que nos muestre cómo continuar.

A veces esperar será precisamente eso: aferrarnos a la gracia de Dios con uñas y dientes. Y sí, habrá momentos en los que nuestras circunstancias nos lo exigirán. Pero la espera no será inútil. Mientras permanecemos unidos a Dios, su fuerza sostiene nuestra debilidad y recibimos lo necesario para dar el próximo paso.

La esperanza es activa porque:

  • levanta los ojos;
  • recuerda el carácter de Dios;
  • rechaza las conclusiones nacidas del desaliento;
  • continúa obedeciendo;
  • permanece atenta a la dirección de Dios;
  • y recibe fuerzas para el paso siguiente.

Isaías menciona tres movimientos: levantar alas, correr y caminar.

Hay momentos en los que Dios nos permite remontarnos por encima de una situación. En otros, nos concede fuerzas para correr. Pero muchas veces su provisión más profunda consiste sencillamente en ayudarnos a seguir caminando sin desmayar.

Aplicación: revisar nuestros pensamientos

Israel decía: “Mi camino está escondido”.

¿Cuáles son las frases que repetimos nosotros cuando estamos cansados?

  • “Dios se olvidó de mí”.
  • “Nada va a cambiar”.
  • “Estoy sola en esto”.
  • “Ya es demasiado tarde”.
  • “No voy a poder continuar”.

Podemos detenernos y hacernos estas preguntas:

  1. ¿Qué conclusión negativa estoy sacando acerca de Dios?
  2. ¿Esta conclusión nace de su Palabra o de mi cansancio?
  3. ¿Qué verdad de Isaías 40 necesito recordar hoy?
  4. ¿Cuál es el próximo paso de obediencia que todavía puedo dar?
  5. ¿Podría ser que Dios ya esté preparando una provisión que aún no alcanzo a ver?

Tal vez hoy no veamos la respuesta. Pero no verla no significa que Dios no esté obrando.

El huerto estaba preparado antes de que Adán sintiera hambre.

Los graneros comenzaron a llenarse antes de que llegara la hambruna.

El carnero estaba en el monte antes de que Abraham lo descubriera.

La palabra de consuelo fue pronunciada antes de que los cautivos comenzaran a necesitarla.

Y la provisión de Dios puede estar más cerca de nuestra necesidad de lo que ahora imaginamos.

Para recordar

Nuestra necesidad nunca toma a Dios por sorpresa.

El Dios trascendente ya conoce el camino completo. El Dios inmanente camina con nosotros cada tramo.

Por eso podemos levantar los ojos, revisar nuestros pensamientos y continuar avanzando.

No sabemos siempre de qué manera responderá Dios. Pero sabemos quién es Él.

Y, a veces, esa verdad es la primera fuerza nueva que recibe el corazón.

Si quieres, puedes orar:

Señor, cuando el cansancio oscurezca mis pensamientos, ayúdame a recordar quién eres. Perdóname cuando interpreto tu silencio como olvido o tu demora como indiferencia. Levanta mis ojos por encima de las circunstancias y enséñame a esperar activamente en ti. Gracias porque conoces mis necesidades antes de que pueda expresarlas y porque tu provisión no depende de mi capacidad para verla. Renueva hoy mis fuerzas y ayúdame a caminar sin desmayar. Amén.

L.S. Doello

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